Los felices años 20 (I): los neoclásicos

Hoy he hablado del Neoclasicismo como una de las tendencias fundamentales de la música de entreguerras. Siguiendo el esquema que nos trazamos a principios de curso, con dos polos de modernidad en la Europa de principios de siglo, el de París se llenó de neoclásicos. Empezando por su gran definidor e impulsor, Stravinski.

Me he acercado luego a la figura singular de Erik Satie, que irrumpe de manera decisiva en la dialéctica entre los lenguajes de la música culta y de la popular en 1917 con Parade, otro ballet para Diáguilev.

De Satie y Stravinski es fácil sacar una línea hasta el grupo de Los Seis.

Capitaneados por Jean Cocteau, Los Seis fueron (como Satie) profundamente antirrománticos y antiwagnerianos, pero también reaccionaron contra Debussy.

Finalmente, hice un breve acercamiento a la enorme figura, independiente y exquisita, de Ravel, ya que la clase del 29 de abril, que le estaba dedicada (conjuntamente con Bartók) quizás haya que cancelarla.

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